PUBLICACIÓN N°6

CARTA DEL EDITOR

El ser humano es complejo. Es difícil afirmar si por naturaleza es así. O es el sistema de vida que lo lleva a ser complejo en su estado mental, emocional, su conducta, su forma de relacionarse con el entorno. La complejidad tiene dos vertientes. Una, su lado positivo: capacidad para desarrollar la información y el conocimiento. Proporciona resultados alentadores en ciertos aspectos. Por otro lado, está en su aspecto negativo. Seres humanos con traumas, inseguridades, aberraciones, un lado oscuro que lo lleva a matar, robar, sentirse con el poder de atropellar a los que no pertenecen a su mismo bando.

La creación llámese Dios, cosmos, universo, tiene una forma de laborar que todavía los seres humanos estamos estudiando descubrir. Pasarán siglos y siglos para comenzar a entender realmente sobre qué se trata y el hecho mismo de su existencia. La respuesta la proporcionará la evolución de la humanidad. Y si se toma el sentido “correcto”. Difícil saber, si una humanidad que toma un rumbo incierto y que desarrolla conceptos oscuros pueda entender la creación en su real proporción. Se presume que el “buen” entendimiento conduce a ser parte de la real creación. Y no, de lo que presumimos que es.

 

Firma LE VUE

 

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Le Conté

EL PUENTE

 

Miraba para un lado de la calle. Jadeaba. Miraba para el otro. No podía detenerse. Él sabía que su vida llegaría hasta que sus fuerzas no pudiesen más. Ya sus piernas querían que todo acabase. Pero sus ganas de vivir podían más. Continuó corriendo. Buscaba cada sombra entre las aceras. Eran sus mejores aliados. Se agachó para observar donde podían estar sus inquisidores. Jadeaba. Sentía que sus pulmones podían estallar por la rapidez con que se movían para para tomar bocanadas de aire. A este nivel ya se toma poco oxígeno y hay mucha presión. Por un momento vio la ciudad de noche. Las innumerables luces que salían de las ventanas de los edificios cercanos.

–Tantas vidas distintas –Pensó hasta que sonaron tres disparos.

Los gritos de los inquisidores en contra de él se escuchaban más fuertes que los propios disparos. Estaban cercas.

–Se fue para allá –Gritaron varias personas desde una misma ventana.

El buscado se movió rápidamente agachado entre los vehículos. Los pasos de los asesinos se escuchaban cada vez más fuerte. Ya iba acabar su vida. Ya se había resignado cuando… pensó tirarse debajo de la camioneta. Lo hizo. La oscuridad era casi total donde se escondió. Son momentos donde puede vivir o morir. Son momentos instantáneos que cualquier situación puede ocurrir. Nadie lo sabe. El destino ya no está de turno.

– ¿Dónde está ese infeliz? Está cerca. En este cuadrante está. Muévete para la otra acera y asómate por los jardines de la casa amarilla –Decía el líder a los cuatros hombres que lo acompañaban. Todos tenían armas largas y cortas.

Dispararon dos veces más buscando que el perseguido se moviera y poder divisarlo. No lo hizo. Seguía como un venado asustado e inmóvil. Indefenso. Su estado había cambiado. Ahora, el no moverse era su salvación. Paso un tiempo ¿Cuánto? No se sabe. Allí, la teoría de la relatividad cobra vigencia. Sólo había silencio. Cuando todo parecía que ya se habían ido, unas botas se acercaron a la camioneta. Lo escuchó. El corazón le latía mil veces por segundo. Ya no podía respirar.

–Aquí, está el ladrón. Capitán, aquí está el ladrón –Gritó uno de los oficiales.

El ladrón se movió tan rápido como si una fuerza sobrehumana lo poseía. Disparó al oficial. Cayó. Le dispararon. Corrió rápidamente por la acera hasta entrar a un…

Se escuchó una alarma suave. A lo lejos, pero que se hacía fuerte cada vez. Y al mismo tiempo, las voces de los oficiales se escuchaban más lejos como si se perdieran. Era un momento de confusión. Pensó si estaba muriendo o era un renacer a otro lugar lo que comenzaba a sentir. Lo que ocurría en ese momento no lo había sentido con anterioridad. Era nuevo.

Volvió a sonar la alarma. Y la ciudad nocturna había desaparecido. La oscuridad de su cuarto lo acompañaba. El televisor. El techo. El olor de las sabanas recién lavadas. El frío del aire acondicionado. Se sentía angustiado. Nervioso.

–Otro mal sueño –Pensó –Coño, está siendo muy recurrente. Esta semana ya he tenido varios ¿Por qué? ¿Por qué carajo? ¿Será el stress? Sé, que está semana me he dormido tarde, pero de allí, a estos malos sueños… Algo debe estar cambiando mi psiquis ¿Pero qué? Porque he comido lo mismo de siempre. He visitado casi los mismos lugares. He conocido a personas pero nadie que me haya perturbado. Lo seguro es que tengo una sensación pesada. Muy extraña –.

Se levantó. Encendió la lámpara. Apagó el aire. Abrió las puertas panorámicas que daban al balcón de su cuarto. Salió a ver la ciudad de la cinco de la madrugada. Era distinta a la vivida en sus sueños que le produjo sensaciones contradictorias. Volvió a entrar. Fue al baño. Abrió la regadera para que la abundante agua lo refrescara y sus angustias se fueran por el inodoro. Terminó de bañarse y todavía seguían pegados a su piel.

–Voy a llamar al Dr. Cooper –Pensó nuevamente –voy a pedir una cita esta misma mañana. No quiero que se alargue una noche más. Un buen psicólogo –

Salió de su lujoso apartamento con destino al centro de la ciudad donde se encontraba su bufete. Steve, era abogado. Uno de los mejores de la ciudad. En el camino entró a la acostumbrada cafetería que estaba en la planta baja del edificio donde laboraba. Allí leía la prensa y compartía con su vida social.

–¿Han tenido malos sueños, últimamente? –Preguntó Steve a quienes le acompañaban en la mesa.

–Yo nunca sueño con nada. Como una piedra. Abro los ojos. Cierro los ojos –Dijo Aurora, una abogada cincuentona que gustaba de ofrecer sus opiniones con frecuencia.

–Por el contrario, sueño demasiado. Hasta tres sueños por noches. Algunas veces lo disfruto; otras, me cansan. Depende de lo que sueño. Siempre se lo he atribuido a que fumo y las angustias –Comentó otra colega.

Al rato subió al bufete, se reunió con unos clientes. Contactó a otros por vía telefónica. Dio varias instrucciones a sus asistentes y se marchó al consultorio del Dr. Cooper que se encuentra en el propio centro de la ciudad. Se fue caminando. Le gustaba disfrutar de los grandes ventanales de los edificios que había en esa zona de la ciudad. Le transmitía modernidad. Pensaba la cantidad de personas que laboraban dentro de esas oficinas. De pronto.

–¡Paaas! ¡Paaas! ¡Paaas! –Se escucharon tres disparos cercanos a él. A menos de media cuadra. Se lanzó al piso, al igual que las personas que estaban a su alrededor. Vieron como una persona corría calle abajo con pistolas en mano y varios oficiales lo perseguían. Steve sintió un agradable alivio. Al principio, no sabía precisar por qué; luego, se dio cuenta que no era él a quien perseguían. Ya no había el jadeo ni la respiración que asfixia. Luego, mientras todos los transeúntes ya se habían levantado, solo él permanecía acostado. Lo ayudaron a levantarse.

–¿Asustado? – Un rostro sin nombre le preguntó con amabilidad.

–No. Más bien, la situación me hizo quedar recordando hechos recientes. Casi similares pero con otros protagonistas –Contestó a secas.

Steve continúo caminando algo nervioso. Sus pensamientos no ayudaban a tranquilizarse. No entendía la casualidad o causalidad entre el sueño y la realidad que acababa de tener. Apresuró su marcha hacia el consultorio. Llegó a su destino.

–Steveee –Saludó el Doctor con aprecio al recién llegado –Me encanta verte, muchacho. Con cierto parecido más a tu padre que a tu madre, Doña Leonor. No, por el físico; más bien… por lo que transmites. Bienvenido. Cuéntame por qué tanta urgencia. Tenías un tono de preocupación–.

–Doctor, gracias por recibirme. Voy a ir directo porque sé que abrió un espacio dentro de su planificación para atenderme. Espero su orientación. Es sobre los sueños. Todos soñamos. Uno más, otros menos –.

–Así es –Respondió Cooper mientras observaba con detalle los movimientos, el tono de su voz, la mirada, de Steve, sin que él se percatase.

–El hecho es… que la última semana, he soñado con más frecuencia de lo normal. Fui de los que casi nunca soñaban y cuando lo hacía no tenía mucha importancia. Una que otras imágenes y ya. No es un tema de mi atención. Por lo menos, no hasta ahora. Y prefiero que así, continúe–.

–¿Y qué tipo de sueños son? –

–El de anoche fue perturbador ­–Respondió Steve.

–¿Tienes problemas? ¿Hay algo relevante que te molesta, te quita la tranquilidad? –

–No, Dr. He estado revisando, recordando, analizando, si ha habido un cambio en mi vida personal reciente. Hasta pensé en la alimentación. No hay algo relevante o importante que pueda indicarme esa intranquilidad en mis horas de dormir. Es más, el de hoy fue muy intenso. Casi real. Algo que no me explico–

–Cuéntame –.

–Era un delincuente común que estaba siendo perseguido por policías. Imagino que había robado o asesinado porque me buscaban con mucha atención. Y en verdad, estaba asustado, cansado. No lo soñaba como si estuviese viendo una película. No. Lo vivía como protagonista. Como si fuese real. Era un delincuente. Algo extraño para mí ya que soy abogado –.

–¿Era un lugar conocido donde ocurrieron los hechos? ¿Has visto esos lugares antes? ¿Y las personas? –

–No. Si hay algo que me pregunto es ¿Cómo mi mente puede crear vehículos, distintos edificios, personas, a la misma vez? Si no tengo idea ni he estudiado sobre diseños, ni de creación de todos esos objetos ¿Cómo mi mente puede generar varias voces y con distintos diálogos cuando sueño con varias personas a la vez? ¿Cómo puedo aplicar varias leyes de la física en mis sueños si desconozco esos temas? ¿Cómo puedo construir toda una ciudad en movimiento y vida en cuestión de segundos? ¿La psicología conoce las respuestas? –.

–Sabes que no soy joven. En mis años de pregrado y postgrado no había esa información. Y aunque busco los estudios recientes y los trabajos presentados en los congresos, no hay teorías definitivas con respecto a tus preguntas. La parte académica no posee respuestas claras. Más allá de ella, hay planteamientos. No sé si eres escéptico con respecto a temas que escapan de lo académico y profesional. Uno debe hacerlo de manera informal, personal. El tratar de entender nuestra condición, me lleva a buscar respuestas. Así sea, por esta línea–.

–¿Y…? –Interrumpió, Steve.

–Está fuera de toda lógica humana el pensar que el ser humano de forma casi instantánea, y sin conocimiento previo, pueda construir toda una ciudad en movimiento como lo calificaste –.

–¿Y…? –.

–¿Qué te puedo decir, Steve? Vienes buscando respuestas a temas muy complejos del ser humano, diría que hasta cómo funciona la creación. Es como si una gota de agua trata de entender el océano. Todo el océano. No es mi deseo ni mi trabajo confundirte o que salgas con más preguntas, que respuestas ­–.

–Dr ¿Qué está insinuando? Que no me va a responder pero si tiene la información –.

–Bueno, tú lo pediste. El ser humano lleva vidas paralelas donde lo que parece real es lo ilusorio. Y lo que para nosotros es ilusorio, en la creación es lo real. Nadie muere Steve –.

–¡Qué! Ya entiendo que no entiendo –.

–Y si continúas preguntando se abren más abanicos de preguntas que en una sola consulta no podrás conseguir respuestas –.

–Bueno… espero que si me puedas orientar con respecto a qué puede estar generando mis intranquilidad en mi horas de dormir –.

–Steve, hay actividades en nuestro día a día que no le damos importancia en pero si puede influir nuestra mente, y por consiguiente, nuestra calidad de vida. Donde tú menos crees puede estar la causa de lo que te sucede –.

­–Pero ya he revisado todo ­.

–¿Seguro? Vamos a comenzar por las imágenes que viste o escuchaste esta semana ¿Lo has hecho? –.

El Dr. Se levantó un momento para hacer una pausa. Tomó un vaso con agua. Le ofreció a Steve. Tomaron. Esperando que el tiempo pudiese dar una respuesta.

–¡No lo creo! –Dijo Steve.

–¿Lo tienes? –

–Lo único nuevo que he visto esta semana es una serie de televisión. Y lo he hecho antes de dormir –.

–Continúa –.

–Es una serie de acción. Y si, tiene una alta dosis de violencia. Muy entretenido. Tanto, que me atrapó. Por mi tiempo y mi profesión no me sobrecargo de elementos oscuros ¿Puede ser una causa? –Preguntó con tono casi infantil.

–Tú la pregunta, tú la respuesta, dice un dicho. He allí, tu posible respuesta. ¿Y cuál es tu otra inquietud? –Preguntó el psicólogo.

–Cuando venía a su consultorio, tuve una vivencia similar al sueño. Hubo varios disparos y perseguían a un ladrón. Todos nos lanzamos al piso ¿Fue casual? –.

–Steve, todos los hechos tienen causas. Lo casual es producto de la ignorancia. Las personas creen que el hecho casual existe. Pero no. Nada es casual. Observa el universo y busca un hecho casual. Son leyes trabajando más perfecto que el mejor reloj –.

El Dr. se levantó de su mueble. Se acercó a la ventana panorámica que daba hacia la ciudad. Desde el onceavo piso había una vista hermosa de los valles que rodeaban a una parte de la urbe. Se acercó a Steve, le colocó una mano sobre su hombro con una actitud paternal y dijo.

–El mundo se presenta de acuerdo a lo que crees, a lo que aceptas; más aún, a donde tienes tu atención. El hecho es, Steve, que si ves series de terror antes de dormir ¿Tú mundo o espacio se llena de qué? ¿Vas a soñar con el paraíso lleno de ángeles? ¿Te parece lógico? –.

Hizo una pausa

–¿Sabes sumar? – Continuó el Dr.– Si en tu mente hay todo un mundo de leyes y abogados ¿Vas a convivir con los enanos de un circo? Seguro, que tu mundo girará a lo que hay en tu mente. Igual pasa en tus sueños. Casi, generalmente. Observa nuestro mundo ¿Qué hay? ¿Cómo lo ves? ¿Y tienen como causas…?

En la noche, el abogado llegó a su apartamento. Encendió las luces. Se preparó la cena. Entró al cuarto. Encendió el aire acondicionado. Abrió la regadera. Su piel estaba fresca.

Encendió el televisor. El control en su mano. Por un momento, se detuvo a pensar qué elige.

Volando por encima de unas ciudades flotantes había un ser respirando por sus poros. El olor a frutas lo cubría todo con suavidad. Un brillo especial hacía resplandecer cada elemento, espacio, objeto. El ser brillaba. Pensó en estar en una de las ciudades. Y no había terminado de pensarlo cuando ya estaba caminando en su plaza mayor entre magnas fuentes de cristales y música de las esferas.

Autor: Milton Blanquin

 

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Le Conté

NEGRO Y BLANCO

 

Estaba la Señora Trigueña, con su hermosa piel morena y sus ojos marrones, sentada en el jardín con su amiga Azabache, conversando amablemente y con propiedad de esos blancos cochinos que no saben trabajar:

–Te imaginas, el otro día la mande a cocinar unos frijoles con marrano, como los que hacía mi mamá. Y me ha hecho un menjurje que no se podía tragar, ja, ja, ja –.

–¡Qué si no lo sé, querida! a mí, no me lo tienen que contar. Yo tengo un pelirrojo que me limpia el corral y se me pierden las gallinas, lo voy a mandar a azotar –.

Se reían y reían sin ver en su actitud ninguna maldad. Es el orden de las cosas es el orden natural. Aquí mandan los más fuertes y sus reglas se impondrán ¿Y si fuera diferente y los blancos fueran los manda más? No importa desde que ángulo lo mires, está mal.

Autora: Bersireé Meléndez.

 

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Viñetas

CARLOTA

Celular 3 DEF
por Bersireé Meléndez

 

 

 

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Viñetas

EL SHOW DE ROBERT

EL SHOW DE ROBERT 5 LE VUE
por Cristian Blanquin

 

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NI TAN CALVO NI CON DOS PELUCAS

 

NI TAN CALVO

1) Tener muchos amigos en Facebook.

2) Comer pizza grande con doble queso, salchichón, jamón, parmesano…

3) Ser un artista muy original, con identidad.

 

NI CON DOS PELUCAS

1) No saber el nombre de tus vecinos.

2) Y pedir refresco bajo en caloría porque es bueno para la salud.

3) Para que le encante a todo el mundo.

 

 

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PUBLICACIÓN N°5

CARTA DEL EDITOR

 

La urbe siempre tiene historias interesantes que contar. Grandes cantidades de personas viviendo en poco espacio permite que surjan hechos relevantes para bien o para mal, de acuerdo al nivel de inteligencia que lo produce o hasta quien lo observa. La convivencia humana es rica en aprendizajes. Observar nuestra ciudad y sus ciudadanos nos enriquece la visión sobre qué es la vida y la convivencia humana. Que disfruten esta nueva publicación de nuestra revista.

 

Firma LE VUE

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Le Conté

EN LA ESQUINA, UN SAMÁN

 

Cada mañana, en una esquina de la plaza central está Arcadio y su kiosco de venta. Todos los que trabajan cerca de la plaza, lo conocen. La mayoría que labora en el centro de la ciudad, sabe quién es. Algunos van a disfrutar de sus ricas y variadas bebidas; otros, de su agradable compañía. Él, es casi único por diversas razones. Prepara una de las mejores chichas de la ciudad. Su cremosidad y sabor no tiene comparación. No en vano, los 40 años que tiene en el sitio. Los transeúntes llaman al lugar, o más bien la experiencia, “Donde Arcadio”. Alcaldes y gobernadores en distintos períodos, buscaron publicitarse, entregándole medallas, placas y todas las baratijas que usted se puede imaginar, en reconocimiento a su labor. Muchos pasaron a mejor vida políticamente y él creciendo. Todos lo sabían. Los ciudadanos lo identifican como la cultura de la urbe hecha pies, manos, sabor y tradición. Lo genuino.

Alguien se puede preguntar por qué si el hombre era tan bueno preparando bebidas, no ha prosperado su negocio. Pues si lo ha hecho. Don Arcadio creció tanto que es un empresario, realmente. Y muy bueno. Aunque en apariencia sigue igual a casi desde sus comienzos. Posee varios locales de bebidas dentro de la capital; y otros, en el interior. Y continuó desarrollándose. Construyó una red de restaurantes con comida típica de la nación que lo parió. Pero no se quedó sólo en el área de alimentos. Hizo prosperar negocios relacionados con la identidad de su país. Hasta la fecha, todos han alcanzado un alto nivel de aceptación. La gente se identifica con su labor de servicio; así, lo entienden.

Llega a las 8 de la mañana. Le gusta llevar una franelilla sencilla como él es. Le encantan las franelas de rayas anchas, de cualquier tonalidad en azul combinado con blanco. Dice que el azul es color de la paz. Que relaja a las personas. A él siempre le ha funcionado. Las lonas que cubren su carrito es del mismo color que sus franelas. A pesar de su edad, él se encarga de elaborar junto a un ayudante, la chicha en el propio lugar. Siente el compromiso de ofrecer excelencia en lo que ofrece. Las otras bebidas, jugos y creaciones propias, si las traen hechas un poco más tarde.

Desde que comienza la atención y servicio a los clientes hay ambiente de cordialidad y de relax. A decir verdad, también ayuda los distintos árboles que forman parte de la gran plaza central. La naturaleza se hace presente. Por lo menos, en ese punto de la ciudad. Fue una de las razones por la que Arcadio eligió el lugar para trabajar cuando era un muchacho. Los ciudadanos que circulan o cruzan la plaza están con la atención fija en sus labores, pocos se dan cuenta de la cantidad de árboles que los envuelven. La armonía que producen. Pero él, sí. Lo vio al llegar por primera vez cuando vino de su tierra natal, la cordillera andina. Vino a la capital buscando una mejor vida; lo alcanzó a un nivel, que él logró dar a los demás.

Siempre hay personas “comprando” en el lugar. La gente va a reírse de las ocurrencias que continuamente Arcadio tiene. En verdad, es muy particular. Es gratificante que existan espacios, donde por casi nada, a los seres humanos le alegren la vida. En cada ciudad o pueblo debería existir un Arcadio. Como se necesita y mucho. Él lo sabía. Por años, vio muchas amarguras en rostros sin nombres mientras caminaban por el sector. Expresiones de decepción, incertidumbre, temores, de fracasos. Los vio porque el centro de la ciudad es un lugar donde hay muchos negocios y oficinas comerciales. Donde se encuentra la mayoría de las oficinas gubernamentales. Hasta el congreso nacional. Arcadio ha visto ir y venir la miseria humana, pero también, lo más noble. Ese lugar era privilegiado. Era un mirador de la condición humana. Y desde el principio, él se dio cuenta. Al comienzo le inquietaba observar tanto descontento. Lo intranquilizaba. Hubo momentos que regresaba a su casa con los bolsillos llenos de miseria, y de dinero también. Con el dinero sabía que hacer y hasta como invertirlo. Con la miseria que veía, no. Pero aprendió cómo manejarlo. Años de experiencia humana en el lugar le fue dando la maestría para transformar. Poco a poco, fue convirtiendo las decepciones que traían los seres a su espacio en relax, alegría, un ver la vida más positiva. Cuando veía el rostro de un comprador con expresiones preocupante, decía un chiste, un refrán, sacaba una ocurrencia debajo de su traje de humildad ¿Quién iba a dejar de soltar una sonrisa para esa forma de inteligencia? Pocos lo hacían, en realidad. Luego de años en ese aprendizaje, ya llegaba a su casa con los bolsillos de satisfacciones. Arcadio llegó a entender claramente, como lo hacen solo pocas personas, cuál era su servicio. Entenderlo, lo llevo a conocer la prosperidad en todas sus formas humanas. La espiritual, familiar, social y económicamente. No se quedó sólo para él. La repartió en abundancia, sin mezquindad, para todo aquél que lo contactara. Interesante. Arcadio conoció a mucha gente a través de lo que significa servir y ofrecer. La mayoría de las personas que conocía, eran seres sin nombres ni apellidos. A él nunca le hizo falta saberlo, para dar humanidad.

   Hay personas que se acercaban y le decían:

   ˗˗Arcadio, lánzate a presidente que seguro ganas. Arrasarías en las elecciones.

   ˗˗Hay que dejar que el río fluya hasta su cauce. He allí una gran sabiduría ˗˗Respondía él con una sonrisa.

Había quien lo decía en chiste y otros con intención cierta ¿Y por qué lo sugerían? Seguro, porque un verdadero Presidente es quien puede conversar con todos, sin sectarismo, ni apuntando el continuo reproche que limita la capacidad creadora. Debería ser la persona que todos buscan para llenarse de buenas expectativas. El que transforma los conflictos en soluciones. Pero Arcadio, en realidad, no tomaba con seriedad, los comentarios. Pensaba “Debe llegar un ser con ese servicio. Lo que ve la gente en mí, pero potenciado. Cada quien en su lugar”.

Años después, de lo aquí narrado, continuó Arcadio ofreciendo su calidad más preciada: su don de gente. El día que se retiró. Un monumento se levantó en su nombre “Donde Arcadio”. Hombres como él crece en la memoria colectiva.

Autor: Milton Blanquin

 

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Le Conté

LA MANO EN LA PIERNA

Mi forma favorita de viajar es en auto privado, pero, no cuento con esa posibilidad. Considero una suerte cuando puedo escoger cómo y dónde sentarme en el tren subterráneo, y esto ocurre sólo si no hay muchos pasajeros. Así sucedió esa mañana. Me encontraba sentado paralelo a las vías, por fuerza uno ve a la persona sentada en frente y aunque por mucho prefiero disfrutar de mi reflejo en la ventana, en ocasiones la atención suele encontrarse en alguien más. En especial en un vagón casi vacío.

La pareja del frente va sentada normalmente. Ella viste un uniforme rosado  estilo quirúrgico, muy usados por su comodidad entre estudiantes y profesores.

– Ese uniforme me parece ideal para mi trabajo-Pienso –El color no tanto -.

De repente el muchacho pone la mano izquierda en la pierna de su compañera, en el muslo sobre su rodilla y la acaricia con un vaivén llevándola a no más de ocho centímetros de su entrepierna.

-¡Descarado! – Pienso y me atrapo  en tan puritano pensamiento. Todo un cúmulo de historia humana parece venir a mí. Me veo con un traje de peregrino sentado en los bancos de una iglesia durante el sermón y observo a la pareja en la situación antes descrita. Recurro a mí deber cristiano de gritarles:

-¡PERDIDOS! Con sus actos tientan a nuestra juventud –

Los feligreses me apoyan, el sacerdote los censura, la inquisición los investigan.

Me voy a la antigua Grecia con mi imagen mental, la mano de un joven en la pierna de su pareja. Ni idea de la reacción que tendría en la época de Pericles sólo se me ocurre un diálogo así:

-Porque perdéis el tiempo Anaximandro, con esa joven de Atenas, mejor búscate un Adonis que te haga temblar las piernas -.

Un diálogo muy liberal, definitivamente. Mejor dejo el Banquete de Platón y me traslado con mi mente a la época  Jane Austen. Imposible que un hombre tocara en público a una mujer en la época victoriana. Si por error rozará alguna parte inapropiada no le quedaría más que decir:

-Disculpe el atrevimiento de mi mano, ha sido involuntario -.

-Sus disculpas son vacías, pues la deshonra me ha llegado – Contestaría ella.

-¡Nada de disculpa! -Diría el padre, o un hermano -La solución es el duelo y así lo arreglamos-.

El vagón llegó a su final con el común acto del cariño de una pareja en el subterráneo, menos mal que fue en el ahora y no en el pasado.

 

Autor: Bersireé Meléndez

 

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Viñetas

CARLOTA

 

Celular 2 Le Vue
por Bersireé Meléndez

 

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Viñeta

EL SHOW DE ROBERT

 

El Show de Robert 4 Le vue
por Cristian Blanquin

 

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PUBLICACIÓN N°4

CARTA DEL EDITOR

Nuestra historia humana está basada en aciertos y en errores debido a los conceptos y paradigmas que sustentan nuestra existencia. Hubo conceptos errados, confusos, incoherentes, para construir sociedades, para su aplicación en las actividades de política, cultura, religiones y más. Los siglos y los nuevos conocimientos hicieron resaltar esos errores y confusiones lo que permitió que mejores informaciones surgieran para la evolución de nuestra condición humana. A la muestra de lo anteriormente comentado está la era oscura como se denominó la edad media. Apenas, estamos comenzado a salir de ella. Hoy, se puede notar con claridad que hay países, culturas e ideologías, que tienen un pie en la modernidad, y otro, en la edad media. No han terminado de salir. Hay naciones que viven con modernidad pero con confusión en sus valores. Hay otras, donde se ve la lucha entre la barbarie y los nuevos conceptos. Son casi escasas las sociedades que ya viven en sus propios tiempos, el siglo XXI. Son múltiples y complejas las causas de porque la civilización se encuentra en este estado: egoísmo y ambiciones desmedidas; muy poca capacidad para entender el abundante conocimiento que existe; el poco interés para mejorar los errores; pero sobre todo, la falta de valores. Seguro que en el futuro, este proceso de crecimiento de lo seres humanos, no todos, verán avances significativos. Los que se esforzaron lograrán ser mejores humanos.

 

Firma LE VUE

 

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Le Conté

EL EXPRESO DESTINO

 

El olor a orine era fuerte. Penetrante. Podía hacer desmayar por la intensidad con que penetraba los sentidos. No sé sabía, si provenía del olor de las ropas o del piso. El ruido de las ruedas de metal chillaba, más que perturbar los oídos, estremecían las almas. Ese sonido decía, una y otra vez, el posible destino. No forjados por quienes viajaban en el vagón. Nació de la creación de seres humanos que ellos no conocían. Eran seres humanos igual que ellos aunque no tanto. Si los oídos no querían escuchar, los ojos obligatoriamente no podían ver. La oscuridad tapaba todo, hasta el futuro.

Dentro del vagón, alguien veía aunque sus ojos estaban cerrados. Para ella, la claridad del sol era intensa. Entraba por las seis ventanas que había de un lado y por las seis del otro, también. Se veía sentada en una mesa con su niña al lado, de traje largo y floreado. Sus lindos cachetes rosados mostraban lo saludable que ella estaba.

– Los abuelos nos esperan desde hace días. Siempre me preguntan cuánto has crecido. Te aman desde que sabían que ibas a nacer. No sabes cuánto te aman, mi amor. Pero ya falta poco para que los conozcas – Dijo a su hija.

– ¿Y cómo son mami? ¿Cómo es la voz del abuelo? ¿La abuela sabe preparar las galleticas que tú haces? –

– Hija, son la familia. Para ti, representan el amor, los afectos que te acompañarán en tu infancia. Por eso, vamos a vivir con ellos. Para que nos protejan y te cuiden. Para eso, son los abuelos –

Unas lágrimas se perdieron en la oscuridad del vagón. Cuántas más habría dentro de ese pequeño espacio sin que nadie se percatase.

– Por fin, voy a tocarle la barba al abuelo ¿Me puyarán? Bueno, si lo hace no me importa. La tocaré, la retrujaré, la acariciaré porque son… parte del abuelo. Y me encanta que la tenga. Cada vez que la veía en la foto, me provocaba hacerle cualquier cosa como toda una niña traviesa -.

– Seguro, que sí, mi amor. Espera a…

Un fuerte olor a orine cortó el recuerdo. El roce con los cuerpos que le rodeaban se hizo más presente mientras sentía que el suyo no paraba de moverse por la velocidad con que el vagón viajaba.  Trato de ver el rostro del ser humano que estaba a centímetros del suyo; más logró precisar su aliento que la cara. Se enfocó, concentró, como aprendió hacerlo en los últimos meses. Y como había enseñado a todo ser que pudo. De allí, que su viaje se realizó ante de lo previsto.

– Señorita, su trabajo es impecable. La narrativa fue inteligente. Me asombró, para ser mujer, su… –

Ella lo interrumpió.

– ¿Por ser mujer? Sr. Wilson ¿Juzga mi condición como escritora por ser mujer? Casi a mitad del siglo, en la era moderna ¿Y todavía, juzgamos por un género?-

– No lo tome a mal, señorita. Vine a la presentación de su libro para hacerle sentir orgullosa. Todavía las sociedades no toman con seriedad la inteligencia de su género. Y para que Ud. vea, este salón está lleno de hombres, y también, de mujeres; aunque, no muchas como usted, hay que reconocerlo -.

– Gracias, Sr Bickers. Entiendo, su audacia para llegar hasta aquí y hacer el esfuerzo histórico de pronunciar estas palabras. Seguro, que en las décadas por venir, estos comentarios sobrarán porque nuestro género, como Ud. lo llama, cubrirán las vidrieras con sus libros y sus ideas de una mejor sociedad. Si me disculpa… – Dijo ella con cierta indiferencia ante la conversación.

– Una última pregunta. La guerra comienza ¿Se va a prolongar? – Preguntó con cierto temor.

– ¿La guerra? ¿O Ud. pregunta si va a prolongarse el sectarismo, el egoísmo, el irrespeto a las diferencias, los paradigmas que no hacen reconocer las virtudes del ser humano y nuestras capacidades de evolución? Es decir ¿Se va a prolongar la práctica de los viejos conceptos? Espero, Sr. Wilson, haberle respondido.

– Gracias – Dijo él.

– Es lo que deseaba escuchar ¿Verdad? –

El hombre sonrió.

– La verdad es… que todo depende de lo que hagamos cada persona, cada ciudadano, de lo que haga usted, pero sobre todo, de los que entendemos que no hay límites para el progreso en el arte, la cultura, la política, la educación, la tecnología… El mundo depende más de personas que creen en el avance y en el desarrollo. Dicho de otra manera.  El tiempo de acción de los que no entienden depende, solo, de nosotros – Afirmó ella.

– ¿Qué significa, nosotros? – Preguntó con cierto escepticismo y hasta con cierta molestia.

Ahora, ella sonrió.

– Sr. Bickers, la humanidad le ha costado abandonar cierto toque infantil, en especial, los que aparentar ser más serios en el mundo de la política. Manejan una psicología infantil con conceptos confusos. Apelando a ese lado infantil en usted, le digo, cuando hablo de “Nosotros” refiero a lo que hagamos los “buenos”.

Para ella, la intensidad de la luz se hacía más intensa dentro del vagón mientras estaba por llegar a su destino. Su mente buscaba, su sensibilidad, también. Había tanta información. Registros. Era momento para seleccionar, su identidad. Abrió los ojos para comparar el destino que le imponían y lo que ella decidía. Había tanto dolor humano en la atmósfera que asfixiaba dentro del vagón. Una experiencia casi única en la condición humana. Ella inmutable ¿Se puede pesar el alma de su humanidad?

– Hija, ¿Ves, este hermoso y amplio jardín? Primero, estuvo en la imaginación; luego, las ideas la moldearon para hacerlo realidad; y finalmente, se hicieron las acciones para construirla. Durante años, se trabajó para mantenerla y hasta embellecerla. Hoy, existe porque tu madre y yo luchamos para que otros seres igual a ti, no lo pisotearan. Recuerda siempre, hay que trabajar la imaginación para embellecerla. Hay que trabajar las ideas para hacerlas inteligentes. Hay que construir para hacernos mejores seres humanos. Y algo muy importante, nunca dejes que nadie robe tu imaginación, tus ideas y tus acciones -.

El tren se detuvo. Su mirada decidida se topó con la luz del día. Trapos grises abrían las puertas de los vagones.

Abrían las puertas a Auschwitz.

El lugar era una representación. Tenía muchos significados. El final. Un cierre de ciclo. La imposición del odio. El triunfo del sectarismo sobre la inteligencia. El desarrollo de las habilidades oscuras en el ser. La lucha por el poder. La barbarie afinando su visión y sentido. El egoísmo estrujando la conciencia. El destino incierto. El destino de muchos cortado abruptamente por unos pocos. Otro destino impuesto donde un Dios humano juega a los dados.

La tela metálica y las barracas se hundían como cuchillo en las sienes de quienes entraban dentro de sus espacios. La resignación no dejaba pensar. Asfixiaba más que el rancio olor a orine dentro del vagón.

Ella bajo del tren. Tranquilamente. No había cuchillo. No había desolación.

Los conceptos que buscan retorcer el cauce normal de la historia humana viven tanto como la vida de un zancudo en el tiempo infinito.

– Abuela, ya es la hora de presentar el libro. Nuestros familiares, amigos y colegas te esperan – Dijo una señora de traje elegante. Sus colores  contrastaban muy bien con las suaves luces de las lámparas que estaban esparcidas por toda la librería. Era una de las principales cadenas Bookstores de Nueva York.

– Seguro, que sí, mi amor. Dame un momento ¿Sabes qué disfruto de este lugar? Mirar a través de estas grandes vidrieras hacia la calle. El contraste de las luces de las lámparas con la luz de la tarde que hay afuera. El color verde de los árboles del parque que hay enfrente, los colores brillantes de los anuncios, las personas caminando por sus aceras con Libertad.

Autor: Milton Blanquin

 

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Le Conté

Un Lugar Común

 

Tengo que admitir que con ella sentí todo lo que decían que era el amor. Mi corazón latía fuertemente. En la ausencia de mi cordura, pensaba en ella. Siempre observaba a una prudente distancia su existencia, su rostro de diosa juvenil, sus ojos negro azabache, las perlas que en su boca adornaban su sonrisa. ¿Existe algo más triste que el amor no correspondido? Sí, el mío.

Al pasar los años me he establecido en un matrimonio común como mi existencia. En la crisis de los cuarenta sus recuerdos invaden mi mente. Anhelo la luz de la luna para pensarle. ¡Qué feliz coincidencia! Cuando la volví a ver. Las nieves en sus sienes reflejan la acción del tiempo. Sin una pizca de vergüenza le confesé mis más íntimos pensamientos. Mi boca no calló lo que mi corazón clamaba, de repente estallé en un huracán de emociones. Se hizo un silencio. Sumergido en el mar de la desesperación, supliqué ¡Libérame de este sufrimiento! ¡Te amo! ¿Acaso no correspondes, tú, a mi amor? No imagino mayor dolor.

Natalia escuchaba con disimulada sorpresa a su antiguo compañero de escuela, sin conseguir en su vocabulario palabras que expresaran su desinterés y resguardaran su integridad ¡Sólo Dios sabe de lo que este señor sería capaz! Agradeciendo que la feria donde se encontraba estuviera bastante concurrida, dejó de ver a las personas como transeúntes y los empezó a considerar como testigos. Finalmente dijo tratando de no transmitir ningún tipo de emoción ofensiva o esperanzadora:

˗¡Ummm! ¡Ah! Me tomaste por sorpresa, sin embargo, ahorita estoy en una relación estable, así… entiende que no eres tú, soy yo.

Ella se retiró lo más naturalmente posible, pensando: “No eres tú, soy yo. Pero sobre todo tú”.

 

Autora: Bersireé Meléndez

 

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Cartoons

Celular 1 PNG
por Bersireé Meléndez

 

 

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Cartoons

EL SHOW DE ROBERT (Capítulo 3) Le Vue
por Cristian Blanquin

 

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PUBLICACIÓN N°3

CARTA DEL EDITOR

La vida en sociedad es un punto importante en el quehacer humano. Su transformación en el tiempo es claro indicador de la evolución humana. Mayor que el desarrollo tecnológico u otro referente. La forma como el ser humano se organiza refleja su capacidad de entender quién es y su relación con el entorno que lo rodea. En los inicios, las personas se reunían en grupo, al lado de la fogata, dentro o fuera de espacios que los protegieran como las cavernas, por ejemplo. En ese momento histórico, la conciencia individual, y colectiva, tenía una forma de comprender la realidad según el conocimiento que poseía. De allí, a lograr construir metrópolis, el proceso ha sido largo, muy largo y lento. Ha sido un “descubrir” nuevas ideas, trabajarlas y desarrollarlas para hacer surgir otras. Ampliar el conocimiento ha sido vital. Nada más importante. Hoy, las ciudades se han hecho grandes, complejas, ricas en diversas experiencias humanas. Tantas, que ya dejan de asombrar. Y los pequeños detalles se pierden. La capacidad de entender, también ¿Hasta qué punto se ven las distintas experiencias, lugares y hechos, con el real sentido? Se vuelve a preguntar  ¿Hasta qué punto se ven las distintas experiencias, lugares y hechos, con su sentido real?

Y sí, es importante entender.

 

Firma LE VUE

 

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Le Conté

 

EL GLOBO CUBIERTO

La luz del amanecer cubría el papel de los distintos periódicos esparcidos por el quiosco. El sol y las sombras marcaban las noticias. Algunas eran relevantes; otras, no. Poca información nueva, la mayoría similar al día anterior. Los trabajadores de las oficinas cercanas llegaban al espacio, los de flux y corbatas, también. Sin ninguna expresión en sus rostros tomaban la prensa de siempre. Sus movimientos pausados para tomar la información reflejaban sus expectativas. Pocas esperanzas de leer una noticia que marcara un nuevo hecho para la condición humana. Una apertura que hiciera más entretenida la vida, interesante o hasta prometedora.

Distinta era la actitud de los bailarines que formaban parte de la compañía “Contemporany” y cuya sede estaba a una cuadra del quiosco. Joviales, alegres, emocionales. Llegaban comprando mucha azúcar en distintos tipos: chucherías, golosinas y hasta donas. A ello, le agregaban tomar el rico chocolate caliente mientras conversaban frente al lugar. Generalmente, no consumían noticias ni periódicos, aunque no faltaba el joven que curioseaba las revistas pornográficas de manera rápida y nerviosa, sin nunca poder lograr el disfrute pleno por lo rápido que tenía que hojearlas. De allí, la adicción.

El “Globo” era un gran quiosco. Una referencia para la zona. Hay personas que gustaban de ir los viernes tempranos cuando llegaban las nuevas revistas soló para oler sus páginas. Ese agradable olor a papel nuevo lleno de colores, imágenes, de palabras que salen de un escritor o un periodista sin rostro. Este hecho era más común de lo que se cree. Benjamín, su dueño, siempre sacaba una sonrisa al ver la expresión de sus clientes cuando lo hacían. Durante años, nunca llegó a interrumpir ese acto tan íntimo, tan… Lo que él si hacía, era cerrar el “Globo” a las 2 pm. Ni un minuto más ni uno menos. Sus salidas tempranas lo llevaban a la búsqueda de los grandes parques de la ciudad. Le gustaba caminar entre las hojas colgadas de las ramas y las que ya habían caídas en el piso.

Un martes, a media mañana, llegó un cliente al “Globo”.

– Buenos días, un chicle de menta, un café, una barra de granola y la revista “Economía”, por favor –

– La de este mes no ha llegado, todavía, señor. Queda una del mes pasado ¿Le interesa? – Respondió Benjamín.

– No, gracias. Esperaré para cuando llegue ¿Cómo ha estado la mañana? ¿Mucha gente? – Preguntó el hombre buscando sacar conversación mientras le daba tiempo de tomarse el café.

– Todo bien. Como todos los martes en esta gran metrópolis. Nada diferente ¿O será que sí y no me he percatado de ello, por estar en este pequeño espacio? – Dijo Benjamín.

– Usted, es de esos casos muy peculiares dentro de la ciudad ¿No se ha dado cuenta de ello? En todos lados, hay casos de casos y las propias personas que las viven no se percatan de ello – Dijo el caminante.

– ¿Y por qué lo comenta? –

– El nombre de su negocio lo deja claro. En un pequeño espacio de la metrópolis está el mundo representado. Informa las actividades del ser humano. Sus capacidades y errores. Vende periódicos y revistas. Vende noticias, información, productos. Vende sueños y deseos a través de la publicidad. Vende lo que son los seres humanos, y también, lo que no son. Vende la imaginación de interesantes escritores a través de las narrativas que publican en las columnas de las revistas. Vende investigación periodística. Vende la creación de excelentes diseñadores por medio de los productos que publicitan esos medios. Vende miserias, malos sueños, a través de noticias de sucesos. El engaño y el lado oscuro del ser humano cuando se lee lo que sucede en los hechos políticos de alguna nación. En este lugar, hay cientos de imágenes que representan la belleza humana, lo que es capaz de construir el ser humano; pero también, lo que es capaz de destruir. Hay la belleza física, corporal ¿Cómo en tan poco espacio puede haber tantas ideas, tanta información, y tanto conocimiento? – Dijo el ser.

– Es verdad… ¿Es verdad? Como que sí. Por la forma como lo dice… no me había dado cuenta de ello. Y llevo años trabajando aquí. Y pensar que soy representante de vender tantas ideas, en este momento. Yo, un simple vendedor de quiosco. Visto de esa forma tan… ¿Realista? Vendo gustos, sabores. Ofrezco momentos para que los caminantes vivan experiencias cuando se detienen por un rato a leer, hojear, tomarse una bebida o comerse una pequeña golosina – Comentó Benjamín.

– Benjamín ¿Y qué es la vida? Momentos ¿Entiende lo que se dice? La vida son continuos momentos –

Benjamín, comenzó a mirar, más bien observar, con mayor detenimiento el “Globo”. Lo observaba distinto. Algo había cambiado. Lo que no lograba precisar era si el cambio sucedía en él o en el espacio donde había laborado durante años.

– Una pregunta más ¿Por qué si en el “Globo” hay tanto conocimiento, los seres humanos continúan siendo los mismos? Tanta información y casi la misma forma de vida durante siglos que enceguece y adormece la visión – Pregunto el ser.

La pregunta puso reflexivo a Benjamín. Pasó un momento ¿O fueron varios? Lo seguro, es que al tratar de responder sólo estaba frente a su vista el sol de media mañana. Y una señora pagando por la noticia de ayer.

Autor: Milton Blanquin

 

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Le Conté

EL NUEVO DON QUIJOTE

El Triunfo Le Vue

                                                                                                        En honor a Cervantes

En un lugar de Caracas, de cuyo nombre no quiero acordarme; Existía un hombre de trajes de marca, ya descoloridos de tanto lavarse. Dicen que se volvió loco de tanto ver películas de superhéroes. Decía tener fortuna, diamantes, medallas y estrellas. Según él, sabía artes marciales de las más recias.

Su familia, no le hacía caso, como era de esperarse. Así que una mañana decidió  lejos de su casa aventurarse:

             “Buscaré a los villanos que en esta ciudad han de ser demasiados,

              pero primero lo primero, necesito un Sancho Panza verdadero. “

Caminando sin destino, consiguió una cola gigante de compradores llena de desesperanza que, como una serpiente, atacaba al mercado de la cuadra. Se escuchó un grito de auxilio, de una mujer embarazada:

 – ¡Hay me aplastan el muchacho! –

– ¡Cuerdas de alimañas! – Después de decir eso, Don Quijote se detuvo. Proyectó su mirada para disolver el tumulto. Casi a él lo aplastaban cuando lo agarró una vecina.

– ¡Hay Víctor Pérez, vete a tu casa, te ensuciaron la camisa!

– No se afane damisela, la rescataré de la serpiente -.

 

– No mijo, más bien buscaré a la comadre pa´ que venga a llevarte -.

Entonces, así empezó a gritar el joven Víctor Pérez:

“Corran buenos ciudadanos. No se dejen, ¡Qué se les pudran las papas y los tomates! No compren con sobreprecio. La honestidad los mata. Debemos ser más fuertes que el miedo, que esto es Guerra a Muerte.”

– ¡Ah, Víctor Pérez, tú estás loco!

– ¡Loco yo! Locos están ustedes que bajo la lluvia y el sol están  pagando para que los alteren.

Fin o No…

Autor: Bersireé Meléndez

Ilustración: Milton Blanquin

 

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Cartoons

CARLOTA

 

Despácito PNG
por Bersireé Meléndez

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EL SHOW DE ROBERT

EL SHOW DE ROBERT BLOG (Capítulo 2)
por Cristian Blanquin

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PUBLICACIÓN N°2

EDITORIAL

La mayoría de los seres humanos disfruta del cine. En él, se unieron varias artes a la vez, unas ya establecidas y otras que estaban por comenzar: la música, la actuación, la fotografía, el arte digital… El cine ofrece la capacidad de hacer vivir experiencias más allá de la rutina diaria, de la cotidianidad. Es el arte para despertar la imaginación de las personas, con intensidad; sus sentidos, también. Por ello, la gente paga. Hace un trueque. Las personas dan su dinero por vivir historias, para ser alguien. Algunos disfrutan vivir aventuras; otros, pagan para que le hagan vivir el terror ¿Es normal?; algunas damas, para vivir el romance que no tuvo o que sueña tener. Se paga para identificarse con visiones, emociones, lugares, con ambientes. Los seres buscan en el cine o la televisión lo que alumbra la conciencia o hasta lo oscuro del ser humano ¿Es normal? Existen las personas que sólo lo ven como una forma de entretener; pasar, o más bien, gastar el tiempo. Una característica interesante que tiene el cine es que proporciona  visiones de lo que puede ser el futuro del ser humano. Por ello, también se paga para ver. Está el género de ficción o ciencia ficción. Dentro de este género, hay películas muy emblemáticas y hasta de culto. Por años, luego de su estreno, se continúan viendo con atención y gusto. Si se observa, los escritores y padres de este género han tenido varios elementos comunes al crear historias sobre el futuro. Hay uno, que llama la atención: el caos se presenta en diversas formas. Es difícil, casi imposible, de ver un buen film donde sus protagonistas viven con altura, con lo mejor que puede proporcionar su condición como seres avanzados en el tiempo. Se nota que hay mucho desarrollo, de acuerdo a la fecha de la historia, en el diseño. El diseño de tecnologías, naves, armas, arquitectura, trajes, ciudades y hasta planetas enteros. Pero, es muy común que al ser humano, o sobrehumano, se le vea igual como hoy o hasta con debilidades mayores ¿Por qué? Sin importar si han transcurrido 50 años o siglos ¿A un escritor o guionista le cuesta imaginar la evolución en nuestro aspecto mental, emocional, espiritual? ¿O es que en el futuro, la realidad por construir va a ser así? ¿Hoy, es así? ¿Sólo la evolución se ve representado en el desarrollo de los diseños? Y si es así ¿Es temerario afirmar que el ser humano tiene mayor capacidad de inteligencia que lo mostrado hasta el presente?

 

Firma LE VUE

 

 

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Le Conté

 

LA VIDA

Sky LE VUE

 

Juan tenía una buena taza de café en su mano. Su olor impregnaba el salón que daba hacia el jardín del patio. Que agradable era para él, ese momento de estar entre el café y el rocío de la noche. Sus pupilas brillaban por el reflejo del televisor encendido. Su mirada seguía al hombre del sombrero montado en su bicicleta. Era una buena película y una excelente actuación.  A Juan le encantaba una buena historia que le hiciera disfrutar del hecho creador, que le despertara la imaginación. Ya se lo había ganado después de años de trabajo, de discutir con clientes y de tantas planificaciones para alcanzar nuevas metas en sus negocios. Ahora, estaba en esa etapa donde se entiende más el sentido del por qué vivimos o de quiénes somos. Y el entender lleva a la libertad. Y Juan lo entendía. Y como algunos seres humanos, Juan se reclamaba porque no lo había aprendido antes. Hubiese tenido la oportunidad de vivir más plenamente la vida.

Terminó la película. Juan apagó la televisión e invitó a su pareja, Sofía, a caminar cerca de su hogar. Ellos vivían cerca del mar.

– ¡Vamos, Sofie, a mirar el techo del infinito! – Dijo él.

– Subo, me cambio y salimos – Respondió ella.

Con la calma de quienes han logrado estar al ritmo del momento para compartir, caminan hacia el pasillo de arena que ellos nombraron “A un paso del infinito”. Mientras algunas personas se refugian en lugares cerrados, efectos alucinógenos o en el materialismo desmedido, para darle “sentido” a sus vidas personales o llenar un vacío, ellos buscaban el borde de la inmensidad.

– Hoy la noche está fresca, agradable – Juan comentó.

– Con una brisa que trae el suave y refrescante olor a mar ¿Será que han viajado por todos los continentes? – Preguntó ella.

-¿Será que la brisa viene de esas estrellas donde los mares son naranjas y hay ciudades flotantes? ¿Qué existirán en esas estrellas? -.

– Siempre te lo preguntas, Juan. Como disfrutas tratar de descubrir que hay más allá del borde de nuestro planeta – Respondió ella.

Él miraba profundamente el espacio. Tratando de percibir lo que había en cada rincón de millones y millones de años de creación.

– Es que la vida está en todas partes. Todavía no me explico como nosotros podemos dedicarle tanto tiempo y atención durante nuestra existencia a la inmediatez, a lo que no está relacionado con nuestra esencia como ser. A lo que no puede acompañarnos por siempre – Juan comentó.

– ¿Por siempre? – Preguntó ella.

– ¿Te imaginas? Que siempre hemos sido eternos. Hoy, estoy aquí viendo esas estrellas. Y después de cierto tiempo, pueda estar en esas mismas estrellas viendo hacia este planeta – Dijo con el tono de voz de un ser que parece descubrir una realidad ante ignorada.

– En verdad ¿Y por qué, no? Hoy, somos más lo que ignoramos que el conocimiento tan amplio que puede existir en toda esa inmensidad. Lo que si he pensado es que todo lo medimos de acuerdo a nuestros paradigmas o desde nuestra ignorancia, y no, de lo que puede ser la realidad misma. Entender ayuda mucho a ampliar la visión de que hay más, mucho más, por conocer –

– Exacto, Sofie –

–  Dicho de otra forma. Si una persona cree que la única realidad es la calle donde vive, así se le presenta la creación, su creación. No va a poder visitar ni conocer “A un paso del infinito”, ni otros países, ni muchos menos otros continentes. Para no hablar, de lo que hay más allá del borde de nuestro planeta. Bueno… esto, ha sido la historia de nuestra civilización desde el comienzo. A poco conocimiento, la realidad es sólo lo que nos rodea, la edad de piedra. A mayor conocimiento, ya se puede viajar a otros continentes, la edad moderna. La pregunta ¿Y, luego? -.

Continuará

Autor e ilustración: Milton Blanquin.

 

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Cartoons

CARLOTA

 

El piropo Le Vue
por Bersireé Meléndez

 

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Cartoons

EL SHOW  DE ROBERT

El show de Robert 2
por Cristian Blanquin

 

 

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NI TAN CALVO NI CON DOS PELUCAS

NI TAN CALVO

* Ver fotos viejas con amigos y familiares.

* Buscar una pareja para estabilizarte emocionalmente.

* Vivir en una sociedad que juzgas a sus ciudadanos, constantemente.

 

NI CON DOS PELUCAS

* Y que consigas esas fotos “lindas” de tus desnudos cuando bebé.

* Que terminen, y aparte, deprimido(a), degastado(a).

* Que te juzgues a ti mismo, y, constantemente.

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PUBLICACIÓN N° 1

CARTA DEL EDITOR

LE VUE logo Instagram RGB JPG

Damos una cordial bienvenida a nuestra revista “Le Vue Magazine”. Un espacio sólo publicado en la web donde inicialmente colaboran Bersireé Meléndez, licenciada en Educación con mención en Literatura. Nuestro hijo, Cristian, quien sólo posee 14 años pero que ya toma con seriedad el hecho creador. Su carrera promete; de allí, que le abrimos la oportunidad para que proyecte su imaginación y sus ideas de nueva generación, en el magazine. De mi parte, soy licenciado en Letras, con estudios en ilustraciones y diseño. La idea de un magazine es tratar distintos temas sobre la condición humana, sus inquietudes y vida, con una visión particular.  Si hay algo en común en quienes trabajamos para la revista, es que disfrutamos que nos cuenten buenas historias; y por supuesto, también hacerlo. El proyecto inicial es comenzar con tres secciones principales y que se irán agregando otras mientras se avance en el tiempo: narrativas, ilustraciones y una sección de viñetas. Su publicación en el blog será dominical pero estaremos presentes durante la semana en las redes sociales: Facebook e Instagram. Si quieres estar en contacto con la inteligencia y las buenas ideas, no dudes en seguirnos en nuestros espacios.

 

Firma LE VUE

 

 

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Le Conté

 

EL VIAJE

The biker LE VUE

 

Los gritos de los grillos quebraban el silencio de la noche, pero el hombre no lo escuchaba. Ni tampoco sentía la humedad que como huella se pegaba en cada poro de su piel descubierta. Pedaleaba. La luna alumbraba los bordes de la angustia. Pedaleaba. Las ruedas abrían el surco de la tierra mojada. Pedaleaba. Y la imaginación volaba hacia lo que sucedió, a lo que ya no podía borrar ni cambiar. Pedaleaba. Y el silencio se hacía cada vez más profundo es su espacio interior.

Él sabía, que al cruzar el bosque terminaría su historia de hombre libre. Su fábrica de sueños. Su actuación. Y su gran sombrero regresaría al closet del vestuario, nuevamente.

Y la rutina y lo cotidiano pasarían a ser los verdaderos grillos ¿O grilletes?

 

Escrito e ilustración: Milton Blanquin.

 

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Cartoons

 

CARLOTA

LE VUE En el Banco 1
por Bersireé Meléndez

 

 

 

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Cartoons

 

ELCLUB DE PEPE

LE VUE El Club de Pepé 1 Inicio
por Cristian Blanquin

 

 

 

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